Voto de fantasía

La separación de las elecciones municipales de los comicios generales tuvo el propósito de garantizar una mayor valoración de las propuestas electorales que ofrecen aspirantes a alcaldes y regidores, objetivo que no se ha logrado aún porque los candidatos presidenciales monopolizan la campaña y el discurso electoral.

El proselitismo de cara a las elecciones del 18 de febrero debería circunscribirse a cada uno de los 158 municipios y sus respectivos distritos municipales, pero la incidencia de las candidaturas presidenciales ha sido de tal magnitud que la votación local queda subordinada a los comicios generales de mayo próximo.

No se niega derecho de los candidatos presidenciales a realizar sus marchas y caravanas por todo el territorio nacional, como también a intensificar el ya áspero debate electoral, pero esas actividades no deberían suplantar el liderazgo local ni reducir la incidencia de la contienda municipal.

Se mercadea la idea de que el liderazgo partidario acude a los municipios a respaldar a los candidatos de sus respectivas banderías, pero en la práctica ocurre lo contrario, porque son los candidatos locales los que sirven de conejillos de india a los aspirantes presidenciales.

Al final de cada marcha o caravana en cualquier lugar, el discurso predominante será el pronunciado por el candidato presidencial, sin que las maquinarias propagandísticas de los partidos ofrezcan la menor oportunidad al aspirante a la alcaldía a decir siquiera esta boca es mía.

Carece de sentido invertir cientos de millones de pesos la separación de las elecciones municipales de las generales si no se cumple con el propósito del constituyente y del legislador, de garantizar calidad al voto municipal y de consolidar la cultura democrática mediante la sana interacción entre candidatos y electores.

En las actuales circunstancias que signan al proceso comicial, el voto local no iría de forma directa al candidato que el elector considere con mayores cualidades y mejores ofertas para su comunidad, sino redirigido al candidato presidencial, ausente en la boleta municipal.

La democracia requiere que el liderazgo partidario permitan a sus candidatos a alcaldes, regidores, directores municipales y vocales usar propios megáfonos para divulgar sus propuestas electorales, para que los ciudadanos sufraguen de manera consiente sin que su voto sea secuestrado por fantasías foráneas.

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Author: El Nacional