Hitler en privado: Ucrania y el Donbass (I) @EliadesAcosta1

Carteles en ucraniano apoyando la invasión nazi, resaltando el amor del pueblo por los soldados alemanes y presentando a Hitler como libertador de la nación
Carteles en ucraniano apoyando la invasión nazi, resaltando el amor del pueblo por los soldados alemanes y presentando a Hitler como libertador de la nación

EL SENTIDO DE LOS GRANDES ESPACIOS.

Por estos días se renueva el interés en conocer la relación histórica que existió entre el nacionalismo ucraniano y el Tercer Reich. Como en toda guerra, la de Ucrania ha polarizado las miradas sobre los hechos, haciendo difícil profundizar en ellos sin levantar pasiones.

He visto una entrevista televisiva del presidente ucraniano, Volodomir Zelensky, concedida a Fared Zacharias de CNN, transmitida el 22 de marzo del 2023, donde aporta su origen judío como prueba de que su gobierno no ha apoyado a los llamados ucronazis, olvidando que los sionistas y las SS colaboraron durante la Segunda Guerra Mundial, y que no era infrecuente hallar judíos entre los guardias de los campos de concentración y el gueto de Varsovia. También Zelensky usó como coartada el hecho probado de que más de 250,000 guerrilleros ucranianos combatieron contra la ocupación alemana de su tierra natal. Lo que no se mencionó fue que miles de ucranianos nacionalistas sirvieron en los batallones Nachtigall, Roland y la SS División Galitzia, todos pronazis; formaron parte de los Einsatsgruppen,o grupos itinerantes de aniquilación de minorías; pelearon, murieron y mataron defendiendo esa causa, y se les acusa como responsables de espantosas masacres contra judíos, polacos, soviéticos, húngaros, gitanos y ucranianos.

Para que se tenga una idea del volumen del colaboracionismo nacionalista ucraniano con Hitler, solo en la 14 División de Granaderos SS, hasta el 3 de junio de 1943, se habían inscrito 80,000 ucranianos. Terminada la guerra, muchos de ellos, incluyendo a criminales de guerra, recibieron protección y asilo en países occidentales y en los Estados Unidos.

Dentro del espectro de análisis merece especial atención conocer, de primera mano, lo que pensaba Hitler con respecto a Ucrania y la región del Donbass, hoy en disputa. Tomaremos como referencia el libro “Las conversaciones privadas de Hitler”, con introducción del gran historiador británico Hugh Trevor- Roper, publicado  en la colección Crítica, editorial Planeta, Barcelona, 2020. Se trata de las transcripciones de las conversaciones de sobremesa de Hitler y sus invitados, por lo general altos jerarcas nazis. Por orden de Martin Bormann, jefe de la Cancillería del Partido Nacional-Socialista, tales conversaciones fueron preservadas para el futuro, labor en la que se empeñaron varios taquígrafos de absoluta confianza, entre julio de 1941 y noviembre de 1944.

Para que se tenga una idea de la relevancia que Hitler concedía a Ucrania baste decir que en las transcripciones de estas conversaciones es mencionada 20 veces mientras la URSS solo aparece una vez. Por lo general, Hitler tenía en cuenta a Ucrania por su ubicación geográfica y sus inmensos recursos naturales, mientras que el Donbass, o Cuenca de Donetsk, importaba por sus industrias metalúrgicas. Así se observa en sus palabras del 19 de agosto de 1941, apenas dos meses después de haber invadido la URSS:

Ucrania y luego la cuenca del Volga serán algún día el granero de Europa. Cosecharemos mucho más de lo que actualmente producen esas tierras… Aprovisionaremos igualmente de hierro a Europa. Si algún día Suecia no quiere suministrarlo, lo tomaremos del este de Europa. En lo que concierne a las pobres familias obreras de Turingia y del Harz, encontrarán allí grandes posibilidades.

Es evidente que Hitler tenía planes de explotar los recursos de Ucrania, en provecho del Reich, pero prescindiendo de los ucranianos. Por eso hablaba de una colonización germana, con familias de obreros pobres. Es de suponer, a la luz del comportamiento nazi en las regiones ocupadas del este, que se proponía utilizar como carne de cañón a los nacionalistas ucranianos, que enfrentarían al Ejército Rojo y otras fuerzas de resistencia, reduciendo su número por las bajas en combate; eliminar a la mayor parte de la población civil, dejando al resto como esclavos de los nuevos colonizadores alemanes. El amor y la admiración que los ucronazis prodigan al recuerdo del Tercer Reich y de Hitler se basa en una visión falsa y edulcorada del pasado: es el amor con mentiras y miedo, del esclavo al amo implacable.

También es falsa, como probó la vida, la versión ucronazi de que lo que Stepan Bandera y sus acólitos buscaban era “… sacudirse el yugo soviético, apoyando a los nazis, para luego negociar con ellos su independencia. Hitler lo dejó muy claro en su monólogo del día 17 de septiembre de 1941:

Los pueblos eslavos no están destinados a vivir una vida propia. Lo saben y haríamos mal en persuadirles de lo contrario. Nosotros somos los que creamos en 1918 los países bálticos y Ucrania. Pero hoy no tenemos ningún interés en mantener los estados bálticos ni en crear una Ucrania independiente. Habrá igualmente que impedir su vuelta al cristianismo. Sería un gran error darles una forma de organización. Tampoco soy partidario de que haya una universidad en Kíev. Más vale no enseñarles a leer… A pesar de todo eso, haremos que los indígenas vivan mejor de lo que han vivido hasta ahora. Entre ellos encontraremos el material humano necesario para cultivar la tierra… A los ucranianos les proporcionaremos pañoletas, cuentas de cristal y todo lo que les gusta a los pueblos coloniales… El último cochero nuestro debe ser superior a cualquier indígena… Para la juventud alemana, esto será un magnífico campo de experiencias. Atraeremos a Ucrania a los daneses, holandeses, noruegos y suecos. El ejército encontrará allí campos de maniobras… Es preciso que los alemanes adquieran el sentido de los grandes espacios…

El plan geopolítico de Hitler con respecto a Ucrania y los ucranianos era evidente: tratarla como a una región conquistada por las armas; no reconocerla como país independiente; colonizarla con pueblos arios o afines, usándola también como válvula de escape a la pobreza de la clase trabajadora alemana, lo cual atenuaría, hasta hacer desaparecer, sus reivindicaciones y lucha social revolucionaria; explotar sus enormes riquezas; diezmar a su pueblo y esclavizar a los sobrevivientes. Nada en común con la actual prédica falsa de los ucronazis, que proclaman descender de los pueblos nórdicos, no ser eslavos, y en consecuencia, estar predestinados, junto a los nazis, para un futuro donde una raza superior, que los incluiría, reinara sobre los pueblos eslavos inferiores.

Utopías que reposan sobre la ignorancia histórica. Manipulaciones para ganar adeptos, especialmente, entre segmentos de la población empobrecida e inculta, a la que se brinda el sueño de ser un día señores, al costo que sea. Solo que Hitler no pensaba así, como volvió a dejar claro en su perorata del 23 de septiembre de 1941, no por casualidad en los días en que los soviéticos retrocedían ante el empuje de los casi cuatro millones de soldados alemanes de la Wehrmacht implicados en la Operación Barbarroja:

La verdadera frontera es la que separe al mundo germánico del mundo eslavo. Nuestro deber es situarla allí, donde queremos que esté. Cuando nos preguntan de dónde sacamos el derecho a extender hacia el este el espacio germánico, contestamos que para una nación, el conocimiento íntimo de lo que representa lleva consigo la existencia de tal derecho. El éxito lo justifica… Es inconcebible que un pueblo superior tenga que vivir a duras penas en un terreno escaso, mientras masas amorfas, que no contribuyen para nada a la civilización, ocupen extensiones sin fin de un suelo que es de los más ricos de la tierra. Arrancamos penosamente algunos metros al mar, nos torturamos cultivando pantanos… y en Ucrania nos espera una tierra inagotablemente fecunda… Debemos crear para nuestro pueblo condiciones que favorezcan su multiplicación, durante los diez próximos años, y poner al mismo tiempo diques a la marea rusa… El más fuerte se impone, es la ley de la naturaleza. El mundo no cambia: sus leyes son eternas.

En todo ello pienso cuando veo en los noticiarios de  RT y Sputnik, que vergonzosamente Occidente y Estados Unidos, paladines de la libertad de expresión, impiden se vean en sus países, a energúmenos ucronazis del batallón Azov, de Sboboda y Pravi Sektor, tatuados con  runas de las SS nazi, haciendo el saludo romano de los fascistas, y chillando “Seig Heill”, como si fuese un mantra.

(Continuará)

Por Eliades Acosta Matos